Carlos Otero Viscarrondo (1916-1979)

Arte Venezolano

Carlos Otero Viscarrondo

Eduardo Blanco Estrada ha señalado: “Carlos Otero fue un artista profesional, dedicado, persistente y honesto con su vocación.

Para comprender a cabalidad el alto nivel de su expresión artística es necesario revisar primero su enorme talento como dibujante.

Podía abordar figurativo, paisaje, objetos, etc; sencillamente una libertad enorme para plasmar lo que quisiera.

Preste atención a las variantes y direcciones de línea utilizadas para reflejar la gracia del siguiente vestido

Otero no evade el rostro, como sucede en cantidad de artistas. De hecho, su orientación inicial fue el retrato

Conoce mucho de anatomía y de las exigencias y contrapesos del cuerpo en cada postura

Ejercita el dibujo de manera asidua hasta desarrollar una habilidad educada, metódica; para destacar objetos y figuras; para diferenciar planos, para contrastar luces, etc.
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Otero sabe que el dibujo es la estructura que respalda una buena obra y que puede convertirla en grandiosa.

Ejercitó paisajes urbanos y naturales

Escenas de la vida diaria como el mercado y la calle

También las estructuras inmobiliarias que muchas veces dan referencia específica a lugares.

Observe el detalle del suelo

El manejo perspectivo, como recurso de profundidad, más los planos de la montaña posterior y ulterior cielo

 

Enorme habilidad para reflejar espacios naturales y lejanías

Nace en Caracas, Venezuela

De origen relativamente humilde se inscribe en la Academia de Bellas Artes de Caracas, dirigida por Emilio Maury, en una época de gran empuje renovador para la plástica Venezolana.

Entre sus compañeros. Antonio Edmundo Monsanto, Armando Reveron, Manuel Cabré, Leoncio Martínez, Rafael Monasterios

En 1906 gana premio en la Academia, pero no le es aprobada la pensión.

Comprometido con la idea de ser pintor y para mantenerse económicamente, se emplea como cobrador de recibos de la Empresa de Agua.

Seguidamente, y dando activación al espíritu viajero que lo caracterizó, se marcha para Argentina, donde ejerce labores de dibujante, ilustrador y caricaturista para varios medios impresos. Asimismo, se inscribe en la Academia de Bellas Artes de Buenos Aires por breve período.

Esta etapa de la vida profesional de Carlos Otero ha sido poco estudiada o resaltada, sin embargo, vale destacarla por ser el único lapso en el cual se aleja de la observación minuciosa de la una realidad concreta, a fin de plasmarla luego de manera honesta y objetiva.

Ser caricaturista es un oficio muy desafiante, exige gran ingenio o chispa, creatividad, subjetividad, relacionamiento de ideas, tomar rasgos fundamentales de un personaje o situación para luego destacarlos o exagerarlos, etc

Recursos muy ajenos al arte aparentemente conservador que sería su línea de trabajo. Pero insisto, su período de ilustración y caricatura son prueba de que no careció de ingenio para modificar o deformar la realidad, si así lo hubiera querido.

De Argentina se marcha a Paris, con situación económica apretada, pero con muchas ganas de surgir y destacarse.

La tenacidad de Carlos Otero fue lo que le permitió establecerse o lograr adaptarse con éxito a los difíciles contextos extranjeros.

En 1912 comienza a preparar un cuadro de gran formato, denominado Salón de Baile en el Barrio Latino; el cual presenta en el Gran Salón de los Artistas Franceses; logrando la aprobación y aceptación del exigente Jurado Calificador.

Obsérvese que logra centrar el punto de mayor claridad mediante la ubicación de la bailarina vestida de blanco en el medio de la escena, Tal recurso también lo usaría en piezas posteriores

Dada tal aceptación, desde Caracas le aprueban la pensión, a fin de que retorne a Venezuela por cuanto la Primera Guerra Mundial está por estallar.

Carlos Otero, recibe la pensión, pero opta por quedarse en Paris, viviendo de vender a marchantes que pagan poco, pero en un contexto donde se siente a gusto.

De hecho, en plena Guerra Mundial siguió trabajando y prueba de ello es que presentó en Exposición celebrada en el Jardín de Las Tullerias su obra: La Sopa de Los Refugiados de Reims.

También estudiaría en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Paris; y en Taller del renombrado Cormon.

Aun cuando vivió cambios tan radicales como el advenimiento del cubismo, Otero se mantuvo siempre fiel a la realidad que percibía frente a su caballete, sin deformaciones, sin abstraccionismos ni superposiciones.

Su mayor influencia vendría por la vía del Impresionismo, debido a lo cual aclaró su paleta, logrando así paisajes tanto urbanos como rurales, luminosos, y animados.

El encuadre con la calle o el inmueble visto de manera diagonal, y que se aleja hacia el centro de la obra, como recurso de profundidad

Escenas marinas, muy llenas de vida

 

Contextos cargados de luz tropical

 

 

Muy distinta la iluminación tenue de las escenas europeas

Gran deleite por el arte de pintar y dibujar, persistencia, dominio práctico, educación evolucionada

Otero disfruta de la escena compleja, del encuadre más desafiante de reflejar, tanto en manejo de tonalidades como en sensación de profundidad.

Observe el siguiente paisaje urbano, tomando conciencia que peralte inicial de la calle es descendente, hasta la esquina, la cual aprovecha como punto de luz; para luego iniciar inclinación ascendente.

Excelente encuadre con la Torre de la Iglesia al fondo y los ulteriores planos de montaña y cielo.

 

También en intrincados paisajes naturales en los cuales mediante variación de tonalidades y texturas logra diferenciar planos.

La siguiente pieza con los mayores puntos de luz, a medio andar del camino; y que le permiten destacar la inclinación descendente de la montaña ulterior. Cantidad de verdes que conviven y se complementan.

De ser posible dejará un pequeño espacio abierto superior que permita ver el cielo

Decía estar fascinado por la belleza de la naturaleza

 

Carlos Otero es un pintor que plasma realidades, trabaja de manera objetiva, y refleja lo que está delante de su caballete.

No pinta por imaginación ni por recuerdos, y cuando hace figurativos los realiza con modelo vivo y con el grado de detalle o realismo que desee.

 


Ello le permite integrar personajes y contextos, algo poco frecuente en la plástica venezolana

Escenas de personas trabajando, con sus atuendos característicos y realizando su faena diaria

Piezas sin segundas intenciones; ni apelaciones de realismo social, crítica política ni referencias históricas

En resumen: gran observador, excelente dibujante, buen colorista y con capacidad de sumar luego su expresión, pero siempre fiel a la realidad.

En cuanto a su contribución docente e institucional fue profesor de la Academia de Bellas Artes de Caracas.

También en 1931 fundó su propia “Academia de Dibujo y Pintura Otero”, ubicada de Madrices a Marrón, N.39.

Fue Director de la Escuela de Artes Plásticas de Caracas.

Director de Museo de Bellas Artes de Caracas por lapso de 18 años (1938-1956)

Lo que caracteriza su expresión artística es el apego a la escena, la honestidad y la sobriedad.
 
Carlos Otero Viscarrondo    
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